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Inteligencia Emocional Interpersonal

Todavía escucho en ciertas situaciones frases como: “si pides perdón a tu hijo o hija se te va a subir a las barbas” o “yo no le tengo que pedir perdón a mi hijo o hija, soy su padre/madre”. Otras veces, ni siquiera se cuestiona el hecho de pedir perdón, aunque sí se les exige a ellos que lo hagan: “¡No se pega, pídele perdón al niño!”, “Ahora vas y le pides perdón a mamá”, etc. En estos casos parece que el perdón se utiliza como un recurso que permite zanjar el conflicto y, por tanto, lo que enseñamos a nuestros hijos/as es que si hace algo a otros, con decir las palabras mágicas, se resuelve el problema y con eso no desarrolla su inteligencia emocional.

Somos modelos de nuestros hijos para el desarrollo de su inteligencia emocional, ¿te suena esta afirmación? Si queremos que los niños aprendan a pedir perdón, debemos empezar por hacerlo con ellos. Nosotros, los adultos, también nos equivocamos, también hacemos daño aunque sea sin intención (a veces, en los modelos más autoritarios incluso con intención y luego se justifica con alegaciones del tipo: “hasta que no le doy un azote no para”, pero esto daría para otro post) por eso, no estamos exentos de pedirle perdón a nuestros hijos/as cuando somos conscientes del efecto que nuestra conducta ha tenido sobre ellos. Veamos un ejemplo:

Padre e hijo están sentados en la mesa comiendo…

Padre: “Ten cuidado que te vas a manchar, acércate más a la mesa”

Hijo: (mira al padre y se acerca unos centímetros, tras unos minutos se le cae comida en los pantalones)

Padre: “¡Mira que te he avisado! ¡No hay día que te sientes a comer y no te manches! ¡Eres un…!

Hijo: (baja la cabeza y sigue comiendo en silencio)

Padre: (la “mala suerte” hace que se le caiga algo de comida en la camisa) “Vaya, ya me he puesto una medalla”

Hijo: (vuelve a mirar al padre… y a la mancha. Sigue en silencio)

Padre: (se da cuenta de lo ocurrido)

Si el padre sigue comiendo y actúa como si no hubiera ocurrido nada, ¿qué efecto tendría en el niño? Dejo que utilices tu inteligencia emocional y reflexiones sobre ello.

Pero en este caso, tras ser consciente de lo que le dijo a su hijo y el efecto que provocó en él (no con la intención de justificarse por mancharse) se dirigió a él:

Padre: “Siento mucho lo que te he dicho cuando te has manchado, no ha estado bien. Yo también me mancho a veces. ¿Me perdonas?”

Hijo: “Claro papi”

Padre: “Gracias, tú también me enseñas cosas (sonriendo)”

¿Cuáles son los efectos de pedir perdón a su hijo? ¿Hay alguna diferencia?

Veamos las 6 razones de peso por las que debemos pedir perdón a nuestros hijos/as:

  1. Aumenta la confianza de nuestros hijos hacia nosotros: Tendemos a confiar en las personas que asumen sus errores y lo reconocen humildemente, no de aquellas que “nunca se equivocan”.
  2. Mantiene el vínculo. El tipo de relación que mantenemos con nuestros hijos es responsabilidad nuestra y se construye día a día. El vínculo o conexión que tenemos con ellos es muy vulnerable en estas situaciones.
  3. Enseña que equivocarse es posible. ¿Quién no se equivoca? Gran parte de nuestro aprendizaje se da gracias al error y, en ocasiones, ese error tiene un efecto en los demás. Darse cuenta es el primer paso para aprender. Los padres y madres que “no se equivocan nunca” pueden provocar en sus hijos ideas de perfección equivocadas.
  4. Es un pilar del respeto. Cuando pedimos perdón honestamente volvemos a conectar con el respeto hacia el otro y a tratarlo como un igual. Para mí y para mi familia, no hay nada más respetuoso que el trato igualitario hacia todas las personas.
  5. Enseña a hacerse responsables de sus actos. “Si yo lo hago, yo lo asumo”. Este un lema que define muy bien a lo que me refiero. Es relativamente sencillo hacer responsable a otros, o incluso a las circunstancias de lo que haya ocurrido, pero en general, tenemos cada uno cierta tasa de responsabilidad sobre ello. Empezar por asumir la nuestra como padres y madres es un ejemplo maravilloso para que nuestros hijos hagan lo propio.
  6. Entrena la empatía. Tantas veces oído últimamente, pero no por eso menos importante. Queremos que nuestros hijos e hijas reconozcan sus emociones y la de los demás, para ello hay que enseñarles a hacerlo y entrenarlo. Una buena oportunidad para hacerlo son esas situaciones en las que nuestra conducta ha provocado un daño al otro.

 

¿No son suficientes razones para pedir perdón cuando la situación lo requiera?

Quisiera aclarar que, cuando hablo de pedir perdón, me refiero a reconocer ante el otro, en este caso nuestro/a hijo/a, que nos hemos equivocado o que hemos cometido un error según nuestros valores y principios familiares, y no a aquellos casos en los que nuestra respuesta genere una emoción desagradable en el niño. Puede parecer que debemos pedir perdón a nuestros hijos cuando nuestra respuesta les pone tristes, se cabrean o se frustran, nada más lejos de la realidad. Educar implica que, en ocasiones, nuestros hijos se frustren, al igual que nos ocurre a nosotros, y por ello no vamos a pedirles perdón (caeríamos en un modelo permisivo), aún así, el trato puede ser igualmente respetuoso.

No es una tarea fácil en ocasiones diferenciar esas situaciones, también necesitamos aprender y entrenar día a día. En nuestros talleres de Cómo Hablar a tus Hijos para que Escuchen te ofrecemos la posibilidad de adquirir nuevas estrategias y habilidades para mejorar tu relación con tus hijos e hijas, y contar con mi apoyo durante SIETE semanas en las que te ayudaré a ponerlas en práctica y solucionar las dificultades que vayan surgiendo. ¿Te gustaría comprobarlo? (https://www.iamindfulness.com/inteligencia-emocional-resiliencia-mindfulness-educacion-comunicacion/)

 

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