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Autoestima «De cómo reaccionamos mamás y papás ante lo incorrecto»

Hola Mayores, quiero contaros lo que me ha pasado porque me parece que nadie me ha entendido. Siempre estáis tan ocupados y, no sé, parece que pensáis que los niños sabemos tanto como vosotros con muchos menos años de experiencia, en mi caso voy a cumplir tres dentro de poco. Bueno, que me lío, como dice mi mamá.

El caso es que la semana pasada estuvieron unos señores vestidos de blanco en mi casa. Venían por la mañana con cubos y unos pinceles muy grandes, pintaron todas las paredes del piso, no dejaron ni los techos sin pintar. Cada habitación de un color, la mía verde, es mi color preferido.

Cuando terminaron, mis padres estaban muy contentos de cómo había quedado todo, incluso llamaron a la abuelita para que viniese a verlo cuando pudiera. Esa misma tarde se presentó allí, según decía, tenía muchas ganas de ver cómo de bonito habían dejado todo. Se les veía super alegres. Yo también lo estaba porque mi abuelita se acordó de la promesa que me había hecho la semana anterior, me traería unos “rotus” super gordos que habíamos visto en una papelería cerca del parque.

Al día siguiente papá estaba en el ordenador trabajando. Muchos días está hasta tarde en el salón con un montón de papeles. Mamá hoy llegaba un poco más tarde, le dijo a papá por teléfono porque tenía mucho que hacer en la oficina. Yo recordaba que cuando se quedaba más tiempo trabajando llegaba a casa más cansada y menos contenta. Seguro que podía hacer algo para que cuando llegase se alegrara un montón y se olvidara un poco de su cansancio. A mí me encanta cuando llega contenta a casa, me coge y me da un montón de besos y abrazos. Me siento super bien junto a ella.

Pues me puse a ello, tenía mucho trabajo por delante. Primero pensé en pintarme yo, luego a ella, pero como se me da muy bien dibujar, pinté también a papá y a Sami, nuestro perrito. Pensé que le encantaría, siempre que pinto me dice que lo hago muy bien y que seré un pintor estupendo de mayor. Por cierto, a esos señores de blanco también los llamaban pintores. Estaba orgulloso de cómo me había quedado la pared del pasillo, sería lo primero que vería cuando abriera la puerta y se llevaría una sorpresa enorme.

Escuché la llave de la puerta y corrí hacia el pasillo, estaba muy emocionado. No podía estar quieto, necesitaba saltar. Hoy tardaba mucho en abrir la puerta, le pasaba lo mismo que cuando me compra una chuche y tiene que quitarle el envoltorio. Por fin abre la puerta y dice: “Ya estoy en c…..” Yo la miraba con los ojos como platos: “¡Mami!” Y de repente, algo ocurrió. Justo en ese momento, soltó su bolso y se echó las manos a la cabeza. Gritó: “¡Pero qué has hecho! ”. Ella siguió gritando y se puso muy colorada, papá se sumó también, ahora estaba tan enfadado como cuando conduce por la ciudad cuando vamos al centro. Yo hacía un rato que no escuchaba nada, no entendía porque me gritaban así. ¿No les había gustado mi dibujo? ¿Igual no les gustan las sorpresas? ¿Qué hice mal? ¿Ya no me quieren? Lloro sin poder parar.

Han perdido la oportunidad de enseñar a su hijo que en las paredes no se pinta sin necesidad de atacar a su autoestima y a la relación. Desconocen lo que realmente ha aprendido su hijo.

La conducta de nuestros hijos es la punta de iceberg que esconde debajo una necesidad no cubierta, es el adulto el responsable de descubrirla, y ayudarle a cuidar su autoestima y confianza.

NO vale todo y nuestra respuesta deberá ser firme y amable pero orientada a la necesidad real, no sólo como reacción a la conducta. Por eso me pregunto: ¿es lo mismo que el/la niño/a pinte la pared porque quiere agradar a su madre y sentir que es importante para ella, que pintarla como un acto de rebeldía ante la negativa de su padre a jugar con él (alegando que tiene que trabajar)? La estrategia que utiliza es la misma (pintar la pared) pero motivado por necesidades y emociones diferentes. Nuestra respuesta es la misma si sólo me fijo en la pintura, pero variará si elijo enseñarle otras estrategias para satisfacer sus necesidades. También podemos aprender los adultos. De esta manera, desarrollando nuestra inteligencia emocional, fomentamos que el/la niño/a haga lo mismo con una autoestima bien fuerte.

Una respuesta respetuosa alternativa, que cultive una buena autoestima podría ser (el tono de voz y el gesto no es hostil):

Madre: “¡Nooooo! ¡Oh Dios mío! ¡Jkkdf@#rr…….!

Hijo: ¿¿¿¿ ????

Madre: “Cariño, déjame un minuto. Ahora vuelvo” Mientras va a la cocina, suelta todo y bebe agua (Esto demuestra una alta Inteligencia Emocional y hay que entrenarlo!!!!). Regresa…

Madre: “Carlos ven por favor aquí con mami” (Vuelven al pasillo) “No se pintan las paredes, ¿dónde pintamos?”

Hijo: “En el papel” (Mirando hacia el suelo)

Madre: “Eso es, pintamos en el papel. Ahora vamos a intentar borrar este dibujo ¿de acuerdo?

Hijo: “Lo siento mami, sólo quería que estuvieras contenta”

Madre: “Me gusta cuando me haces dibujos chulos en tu cuaderno, puedo pegarlos en la pared” “Vamos a limpiarlo” (dándole un paño húmedo).

¿Creéis que el resultado es el mismo?

Trato respetuoso no es “todo vale”, es firmeza y amabilidad. Somos responsables de la relación con nuestros hijos, de fomentar un espacio en el que podamos desarrollar nuestra Inteligencia Emocional, Confianza y Autoestima. Igual necesitamos llamar de nuevo a los pintores, pero lo tendríamos que hacer igualmente si los castigamos, gritamos, etc.

Hay muchas oportunidades para aprender mientras educamos a nuestros hijos/as, te recomendamos profundizar en la metodología «Cómo hablar para que te escuchen tus hijos/as, como escuchar para que te hablen tus hijos», un programa para el desarrollo de la comunicación respetuosa y no violenta y su aplicación en la relación con nuestra familia.

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