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Educación con corazón

Reflexiones sobre crianza

“Las madres normales sentimos mucha presión”

En esta época de tanta información sobre la “correcta” educación de los hijos, ser padres supone empezar a centrarnos en la realidad de nuestra propia familia

«Las madres que somos normales vivimos la educación de nuestros hijos con presión. Hoy hay tanta información y, en ocasiones, tan dispar que me siento abrumada. Cuando hago o digo algo a mis hijos en público, pienso que me juzgan y eso genera mucha tensión. He vivido incluso situaciones en las que otras madres me han corregido en nombre de algún experto alertándome del efecto que puede provocar mi respuesta sobre los niños. Lo que menos deseo es hacerlo mal, pero vivo la crianza de mis hijos con cierta incomodidad por este tema».

Estas son las palabras de una amiga mientras tomábamos un café. Me hicieron reflexionar sobre el efecto que provocamos en las madres y padres todos aquellos profesionales que nos dedicamos a difundir y promover una crianza alternativa a los modelos tradicionales.

Como dice un proverbio sufí, la loncha de queso, por fina que sea, tiene siempre dos caras. No dudo en absoluto que una buena relación con nuestros hijos se construye día a día desde el respeto mutuo, que el aprendizaje basado en el miedo no es eficaz ni fortalece el vínculo, que las amenazas o chantajes son armas de doble filo que, tarde o temprano se nos vuelven en contra, que los castigos son un recurso que utilizamos cuando no conocemos otro mejor aunque los haya, que conectar con nuestros hijos es imprescindible para poder corregir, que proteger en exceso los limita, que escuchar aquello que nos quieren decir con lo que nos están diciendo es la mejor manera de entenderlos, que su conducta siempre intenta satisfacer una necesidad no cubierta y muchas otras cosas que el camino me sigue enseñando. Es eso, un camino de aprendizaje de una tarea compleja en la que siempre, SIEMPRE soy novato porque nunca he sido un padre de dos hijas hasta que las tuve, pero hoy, tampoco sé cómo es ser padre de dos hijas adolescentes porque aún no han llegado a esa etapa.

“En esto de la crianza, sólo podemos ser expertos

de cada una de nuestras familias”

Esa conversación con mi amiga me llevó a cuestionarme algo: ¿qué hubiera pasado si durante los años que dediqué a estudiar mis carreras universitarias, los profesores me hubieran criticado ante mis errores, mis dificultades o incluso mis suspensos en lugar de aprovecharlos como oportunidades de aprendizaje? No recuerdo que llegara a pensar en ningún momento que iba a ser un mal profesional de la enfermería o de la psicología, simplemente era el proceso de aprendizaje, que aún hoy continúa. ¿Por qué tiene que ser diferente con una “titulación” como la de madre o padre? Es más, reconozco que, en esto de la crianza, sólo podemos ser expertos de cada una de nuestras familias porque cada uno estamos en un curso diferente.

Respetar implica también aceptar el momento en el que se encuentra el otro, no forzar, no pretender que las cosas vayan a otra velocidad, eso lo único que provoca es tensión e incomodidad, como decía mi amiga. La maternidad y la paternidad es una carrera de muchos años, de muchos exámenes y trabajos, incluso de exposiciones en público, de noches sin dormir y momentos difíciles porque no todo depende de nosotros, pero lo que sí está claro es que todas las madres y todos los padres quieren aprobar a final de curso.

Necesitamos de los expertos en educación, investigadores que expliquen cómo funciona realmente nuestro cerebro para que seamos más efectivos, científicos que nos hablen de las emociones y su papel en el desarrollo y el aprendizaje, psicólogos, educadores, maestros, pedagogos, etc que dedican todo su esfuerzo en entender cuál es la mejor manera de hacerlo, por supuesto, esa es la base que guía nuestro trabajo. La aplicación práctica de todo ese conocimiento en cada una de las familias es un proceso y como tal, no podemos ni debemos pretender que sea de otra manera.

Hoy disponemos de datos científicos que explican los efectos emocionales que ciertos métodos educativos tienen sobre los niños y las niñas, también contamos con la experiencia de ciertos colectivos que trabajan diariamente con ellos, véase entrenadores y monitores deportivos, maestros, educadores y cuidadores que perciben un aumento de niños y niñas con diagnósticos tales como trastorno disocial, trastorno oposicionista o trastorno negativista desafiante, trastorno de la conducta, etcétera. No pretendo reducir las causas ni la responsabilidad de estos trastornos al tipo de relación que establecemos los padres y madres con nuestros hijos, en absoluto, pero también me gustaría compartir con vosotros un artículo que demuestra que un entrenamiento por parte de los progenitores en un programa de siete semanas de Cómo Hablar a tus Hijos para que Escuchen y Cómo Escuchar para que Hablen previene problemas de salud mental en los menores1.

Pues bien, mi opinión al respecto es la siguiente:

  • Cada madre o padre desarrolla su labor en la crianza y la educación como sabe o puede, atendiendo a su conocimiento, a su experiencia y las circunstancias que le rodean.
  • Una gran mayoría de padres y madres están preocupados en cómo educar a sus hijos e hijas de la mejor manera posible.
  • La responsabilidad de la educación no es exclusivamente de los padres, también de los profesores, familiares y resto de la sociedad, eso sí, cada uno con una tasa de responsabilidad diferente en función de la edad del niño o de la niña.
  • El tipo de relación que se establece con los hijos e hijas sí que es 100 % responsabilidad de los padres y las madres.
  • Debemos basar todo el conocimiento sobre la crianza en datos con evidencia científica.
  • Los profesionales que nos dedicamos activamente a acompañar a los padres y madres en la tarea de la crianza debemos ser muy cuidadosos con el mensaje que transmitimos.

Criar a un hijo no es nada nuevo, sin embargo, educarlo según nuestros valores y principios en una sociedad como en la que vivimos sí que exige “reciclarse”. Ahora bien, transmitamos el mensaje de manera correcta y respetemos el momento en el que se encuentra cada familia.

Quiero cerrar este post agradeciéndole a mi amiga esta reflexión, no es justo que una madre normal viva la crianza y la educación con tensión. ¿Existe alguna madre que no sea normal? ¿Según qué criterio?

Desde mi punto de vista hay muy pocas maneras de ser una madre o un padre NO normal y muchísimas y muy dispares de ser normal. Creo que es normal la madre que trabaja fuera de casa, también la que elige no hacerlo, es normal la que quiere educar a sus hijos de la mejor manera posible, la que le gustaría que crecieran en armonía según los valores de su familia, aquella que se asusta cuando detecta que algo no va bien, esa que dice “mi vida ya no es igual” (ni lo va a ser en adelante), pero sobre todo, una madre normal es la que se equivoca y mucho para seguir aprendiendo.

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