Sí, sí, has leído bien, no te creas estas palabras escritas por mí y que ahora estás leyendo. Incluso si coincidimos más veces en el camino, cuando me escuches o leas, te invito a seguir esta instrucción/recomendación, de hecho se ha convertido en un lema de los entrenamientos y formaciones en el instituto asturiano de mindfulness.

Y lo digo de corazón, no es palabrería barata, porque ¿de quién son las experiencias y aprendizajes que comparto en este artículo?,… pues mías, y están basadas en mis vivencias, experiencias y formas de ver la vida, que me llevan, aquí y ahora, a tener estas creencias. Comparto estas creencias con cariño y mucho respeto, soy muy consciente de que nada de lo que digo o escribo son verdades absolutas, son simplemente aprendizajes que me han podido ser de utilidad en algún punto del camino.

O tal vez son creencias que he copiado porque me he dado cuenta de que a otras personas les eran de utilidad, y algunos de estos aprendizajes pueden seguir siendo útiles aquí y ahora, otros dejarán de serlo, otras creencias pasarán por intermitencias de utilidad y no utilidad, porque ante el continuo cambio en el que vivimos, nuestra mejor herramienta, para poder surfear la incertidumbre, es soltar aquellas creencias que no nos permiten navegar con las circunstancias de este instante en el que vivimos.

¡Eh!, y tampoco te creas todo lo que te dices tú, ésta es otra invitación que te hago, porque aprender está muy unido a la capacidad de instalarse un pensamiento crítico saludable. Confía en tu sabiduría, y a la vez no te enamores tanto de tus creencias que las conviertas en certezas y verdades inamovibles e incuestionables.

¿Qué forma tenía la tierra hace dos mil años?, según las evidencias científicas, todo apunta que la misma que tiene ahora ¿no?, esférica achatada por los polos, pero, ¿cómo vivían la mayoría de las personas en este lugar del planeta?, ¿atendiendo a que era plana o esférica? “No vivimos a la altura de nuestras posibilidades, sino a la altura de nuestras creencias”, esto se lo escuché leí a Álex Rovira- Las creencias son algo vivo, cambiante, son la programación que nos permite disfrutar en el aquí y el ahora, o pueden ser también la programación que nos lo impida, de ahí la importancia de vivir elevando el nivel de conciencia. Decía Einstein que no se puede solucionar un problema en el mismo nivel de conciencia que se creo, ¿tiene mucho sentido no?, porque elevar el nivel de conciencia no es más que darse cuenta de la existencia de más opciones, posibilidades,… lo que nos hace poder discernir entre ellas, pudiendo dar solución a problemas a los que antes no se les veía solución.

Desde mi mapa, pocas cosas hacen sufrir tanto al ser humano como dejar que las creencias se convierten en certezas, porque en ese momento solemos confundir la creencia con una única manera de ver la realidad, considerándola como la verdad absoluta, generando mucha tensión al vivir, porque si nuestra creencia es la verdad absoluta, ¿para qué voy a seguir explorando entre las infinitas posibilidades de este instante? Y es que en ese momento cambian los papeles, en vez de estar la creencia al servicio de nuestra adaptación y disfrute, pasamos a estar el ser humano que somos al servicio de esa creencia, que como verdad incuestionable en la que se ha convertido, tiende a hacernos a las personas sus fieles defensoras. La falta de una conciencia más elevada, nos puede hacer sentir esa creencia tan nuestra e incuestionable, que a través del apoderamiento de la razón, nos puede hacer batallar, con tensión de diferentes intensidades, por defender esa creencia.

Como te decía desde el principio, no te creas todo lo que escribo aquí, cuestiónalo por favor, porque son mis creencias compartidas. Siento que es liberador tomar conciencia de la diferencia entre lo que es la realidad y lo que es nuestra interpretación (nuestras creencias), eso me ayuda a vivir con menos tensión. Cada vez que me pillo defendiendo una creencia con esfuerzo y resistencias, me digo, “se puede tener la razón o ser feliz”, a modo de mantra que me conecta con la experiencia, con el aquí y el ahora, con la persona con la que estoy hablando. Es algo que me han aportando la práctica diaria de los entrenamientos basados en mindfulness y conciencia plena, elevar el nivel de conciencia para darme cuenta cuándo he dejado de estar en conexión con el aquí y el ahora, cuándo he dejado de estar en contacto con las infinitas posibilidades de este instante con curiosidad, apertura, aceptación y agradecimiento. Me resulta de gran utilidad el entrenar el parar para ver lo que hay, porque me permite darme cuenta cuando estoy al servicio de defender la creencia con tensión, resistencia, incluso sufrimiento.

Esto me ayuda a soltar y aprender, dándome permiso a adaptarme a lo que surge en el momento presente, ya bien sea agradable o desagradable, porque también esto me ha aportado el entrenamiento de la atención plena o mindfulness, ser consciente de que ambas cosas forman parte de mi camino en la vida. Por supuesto, soy consciente de que tengo un criterio para vivir y unas intenciones, como también soy consciente de que seguiré cayendo en el engaño de confundir realidad con mis creencias, y como solemos compartir en nuestros programas dentro del Instituto Asturiano de Mindfulness,  lo acojo con amabilidad, cariño, agradecimiento y curiosidad, y eso me ayuda a seguir aprendiendo, ¿acaso dejamos algún día de aprender?

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