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Somos cada vez más las personas que buscamos este formato de actividad para conectar con uno mismo. Los retiros se están posicionando como una de las mejores y más solicitadas alternativas a las vacaciones al uso. Estos retiros pueden ser de lo más diversos, desde retiros de silencio, de yoga, de crecimiento personal… y a todos los une un mismo patrón, todos buscan el autoconocimiento, el indagar en el ser humano que eres.

Cada modelo de retiro busca su vehículo para propiciar que la persona que participa se apoye en una práctica determinada para parar y conectar. En mi opinión, depende del momento del camino, de tus gustos, incluso de tu estado, el poder elegir un tipo de retiro u otro. Por un lado, algunos retiros están enfocados en parar en todos los aspectos: parar de hablar, parar de moverte, parar la mente… este posiblemente sea el más potente y, es que la quietud, te confronta si o si contigo mism@ sin excepción. Y desde luego es mucho más asequible de lo que pueda parecer el permanecer en silencio y en quietud. Eso sí, tal vez estés en el momento del camino o dispuest@ para encontrarte contigo mism@ repentinamente. En nuestra experiencia, la gran mayoría de las personas que participan en un retiro de silencio de un día, que es nuestro retiro más corto, llegan a él con resistencias por si les va a costar mucho, si van a sentirse cómod@s. A priori no parece muy natural eso de no saludarse con las demás personas, incluso dejar aparcadas por ese día las medidas de cortesía, dejar aparcado todo, solo teniendo que estar, sin ninguna responsabilidad, sin nada que hacer, sin nada que conseguir. Una vez que el retiro pasa, el 100% de las personas que pasaron por nuestros retiros afirman haberse sentido muy cómodas, haber disfrutado de la intensidad de la experiencia y una cosa muy curiosa, que a mi me llama la atención sobre manera, es que mientras estas en un retiro de este tipo, pese a no interactuar con el resto de personas y estar solo contigo, la sensación de conexión con el resto de las personas es super intensa.

Existen otros retiros, normalmente asociados a una temática, bien sea los retiros de yoga, los retiros de desarrollo personal y otros muchos, en los que se combinan momentos de silencio, para que puedas estar contigo mism@, en espacios de tiempo tanto guiados como libres, pero además existen momentos de compartir y de asistir a encuentros de aprendizaje de la temática que sea.

Por otro lado, los retiros pueden diferenciarse por el nivel de inmersión y compromiso que se exige. Desde luego en todos ellos eres libre de irte cuando quieras, no hablo de ese tipo de libertad, me refiero al nivel de exigencia que te supone soltar todo aquello que te resulte estimulante, por supuesto nada de móviles y similares, pero tampoco libros, ni agenda, es un espacio para soltar, no para mantener agarrado nada. Solo se pide tu presencia de corazón. Por el contrario, ahí otros retiros en los que existe un tiempo para todo, un espacio para estar aislado contigo y un tiempo en el que poder plasmar esas cosas que surgen en ti durante el silencio, ese contacto con otras personas, incluso esa lectura inspiradora.

Para las personas que practicamos meditación habitualmente, la práctica diaria es un momento necesario en nuestro día a día, un momento intimo en el que no se espera nada, solo estar conmigo mismo. Ahora bien, esta práctica suele tener actividades antes y después que hacen que llegues a esa meditación aun con inercia y en cuanto sales vuelves a enganchar con alguna otra tarea. Los retiros se prestan a que tu inercia de “hacer” baje a mínimos. Son espacios en los que no te tienes que ocupar de nada, ni de cocinar, ni de organizar, ni de estar pendiente de otras personas, ni de rellenar los silencios, solo tienes que vivir la experiencia. La gran diferencia es que en esa práctica meditativa se genera un estado tan propicio que la experiencia se vuelve mucho más profunda, surgen estados de concentración, de creatividad, de claridad y de empoderamiento muy difíciles de alcanzar en medio del ruido.

Estoy seguro de que para muchas personas el hablar de retiros pueda sonarle a secta, a precaución a fricada y no dudo que existan grupos de los que sea conveniente cuidarse, ahora bien, en los hechos desde el corazón, eres tú la única persona que te puedes hacer daño, más bien diría, eres la única persona con la que te tienes que confrontar y la que normalmente más miedo nos da encontrarnos cara a cara.

Habitualmente hablamos de los parches y siempre comentamos que benditos parches si los usas con consciencia para salvar algún bache complicado del camino, pero estamos convencidos de que los parches no pueden ser tu forma de solucionar tus problemas de forma mantenida. Y en este punto te pregunto si cuanto te coges unos días ¿realmente estás haciendo cosas que te ayuden a crecer, a tener una vida más plena o simplemente te conectan más con la ceguera que propone el consumismo, el seguir el camino marcado? Me aflige ver como personas trabajan todo el año con el anhelo de disfrutar de unas vacaciones en las que se gasta un montonísimo de dinero simulando un nivel adquisitivo que puede ser o no el suyo. Tratando de llevar por delante todo aquello que se pierden durante el año, conducidos por una tipología marquetiniana de vacaciones estándar, que encima nos mete en el circulo vicioso de ganar dinero para poder volver a esa ilusión vacacional. Me parece mucho más atractiva la idea de buscar la plenitud en el día a día y después en esos momentos de vacaciones conectar con lo que realmente te puede hacer feliz, a ti y a los tuyos para compartir esos días.   

Hace una semana participé en un retiro de yoga y meditación que además servía como parte del itinerario de formación como instructor de yoga que estoy siguiendo.En este retiro no había una desconexión total con el resto del mundo ni con las personas que participábamos, pero si estábamos sin tecnología, sin responsabilidades, sin nada que hacer más que seguir el planning de actividades que estaba marcado, en definitiva soltar, y además diría que soltar hasta tal punto que en este retiro me encantó la idea de soltar incluso de valorar si esta comida me gusta más o menos, de si esta conversación la quiero tener o no, cuando te conectas contigo mismo, se puede disfrutar de los matices de cualquier plato, no necesitas el estímulo que compense vete tú a saber qué, y sabes perfectamente cuando tienes algo que aportar a una conversación y cuando no, incluso los silencios se llenan de plenitud, no hay nada que forzar.

Así que atreviéndonos a vivir la vida que queremos, ayer, mi compi de aventura (Lolo) me plantea la propuesta de hacer un retiro diseñado para nosotros, no intentando hacer lectura de lo que los clientes pueden estar buscando o que tipo de retiro puede ser mas atractivo, si no hacer un retiro a nuestra manera de vivir. No sí si mi mirada, cuando me planteó esto, habrá transmitido lo suficiente, pero es una idea que me pareció maravillosa y es que, y aquí viene la que entiendo la gran clave, solo los retiros hechos desde el corazón, desde un sentido más allá de la propuesta comercial tienen ese encanto que los convierte en experiencias dignas de dejar grabadas en nuestro corazón. Así que siendo que somos amantes de la naturaleza, del movimiento, de la conexión con uno mismo, de abrir los ojos y de darse cuenta, no dejan de moverse ideas por estas cabezas de como materializar un retiro en el que se cuide cuerpo y mente, tengamos espacio para el silencio, pero también para el compartir, para reír y para cantar si hace falta. Para vivir la naturaleza desde el movimiento, desde la quietud, la de armonizar nuestra respiración con nuestro movimiento a través del yoga, al igual que acariciar la hierva en un pasear silencioso buscando aquel que soy, conectando con la experiencia de pertenencia a un todo, a un grupo desde la conexión individual.

Vive la experiencia de conocerte, no te pierdas a ti mismo.

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